Korčula es una ciudad antigua situada en una península de la isla homónima, rodeada de murallas del siglo XIII al XV y atravesada por callejuelas que se ramifican en forma de espina de pez — un recurso urbanístico que protegía de la bura por un lado y del maestral por el otro. La ciudad tiene algo más de 5.700 habitantes, y en el interior de la isla crecen viñedos de la variedad autóctona Pošip, cuyas bodegas se alcanzan fácilmente en autobús en unos veinte minutos. La Moreška — un duelo ritual de esgrima que se representa de forma ininterrumpida desde el siglo XVI — es la única tradición de este tipo que ha sobrevivido en el Mediterráneo, y presenciarla frente a la Puerta Continental al atardecer en verano es una experiencia verdaderamente notable. Mayo, junio y septiembre son los meses en que el mar está cálido, los restaurantes están abiertos y las callejuelas son transitables.